de tu enorme gorro verde. Pero te buscaba en sitios equivocados. Creía que estabas saboreando higos maduros, o, al lado del aroma del café recién hecho ,o bailando en la estela de la ultima de la ultima pitada. Pero no. Debajo de las hojas del jazmín, te estabas bañando con gotas de rocío. Se que adivinas el pensamiento, que te adelantas a los acontecimientos, que tenés el don de la ubicuidad. Podés estar arriba, abajo, de un lado o del otro, casi al mismo tiempo. Me enseñaste muchas cosas, lo que si o lo que no, lo que se debe o lo que no se debe hacer. Mi memoria me va trayendo, casi de a rachas, cosas olvidadas. Me acuerdo cuando me enseñaste a ver la música. Me acuerdo Pones la música que mas te gusta. Cerrás los ojos, tratando de alejar todos los pensamientos, los buenos y los otros. Estás cómodo, distendido, relajado, buscando lo más parecido a la tranquilidad, y así, poco a poco, van surgiendo los tonos, suaves al principio, y van aumentando en la escala cromática de acuerdo al ritmo, musical o a tu estado anímico.
Así, te sentís envuelto abrazado por una sensación maravillosa, que te eleva, te mece, te acuna como cuando estabas con mamá. Es mi gnomo. Yo lo llamo así. Otros, conciencia, alma, o cualquier otro nombre que te haga sentir acariciado. Es “mi lugar”. Voy allí, cuando tomo tiempo para mi Es solo mío. Buscate el tuyo, y ponele el nombre que quieras.
Cacho
19/9/03
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