jueves, 17 de junio de 2010

Discurso en el San Martín

Mi nombre es Carlos Iarmusch, y no hace mucho tiempo me enteré que soy geronte, o de la tercera edad, o anciano, pero antes nos decían viejos nomás. Como viejo me suena a gastado, a pasado de moda, y como no me siento nada de eso, prefiero geronte.

El Gobierno de la Ciudad, conjuntamente con PAMI, en el Hospital Santojanni, al que pertenezco, organizaron hace 2 años (este es el tercero), un curso de Agentes de Salud para la Tercera Edad, en el que me estoy capacitando. ¡Servimos todavía!

Me inicié en este grupo por invitación de personas que ya participaban, y al ver la calidad de las actividades que se hacían me integré sin necesidad de pensarlo dos veces, por lo que me siento muy agradecido.
Cacho en el San Martín
Cada lunes a las 10 de la mañana sabemos que tenemos una cita ineludible y que a la vez nos gratifica porque siempre salimos enriquecidos.

A nivel personal, esto me aporta mayores conocimientos, para mejorar la conducción del grupo de personas con diabetes a la que pertenezco y mi calidad de vida.


Quiero agradecer al personal médico, al voluntariado, al personal de enfermería, a todos mis compañeros y dejo expresamente para el final al personal no médico, que son los organizadores reales de todo este movimiento, en la sincronización, en la coordinación, y en todo lo que nos permite llevar adelante este proyecto, que nos hace sentir que podemos dar todavía más de lo que creíamos que éramos capaces de dar.

No soy un orador, simplemente hablo desde mi agradecimiento.

Ahora quiero dejar con ustedes a la Sra. Blanca Ortiz, del Hospital Ramos Mejía, que con la lucidez de sus 90 años, nos va a aclarar algunas cosas.

Setiembre 2004

Como Quiero

Yo debí, para seguir viviendo, cumplir doctas pautas, para cuidar mi salud.

Ahora bien, no es lo mismo vivir que existir, al vivir, se dura nomás. En las Galápagos las tortugas, 300 años, los elefantes, entre 130-140 años, la mosca, 7 días, el perro, 15 años, pero, existir, es gozar de la vida, y, para gozar hay muchas maneras de hacerlo. Amar, ser amado, tener amigos, compartir con los queridos, todo lo material, y todo lo espiritual. El sexo, con la que impresione tus sentidos, el vino, con el amigo, la charla intima con ese amigo/a , sin reloj, durante ceniceros interminables.

Cuando tu cuerpo enferma, puede ser por varios motivos.
  1. Eres un estúpido.
  2. Te apetece la buena mesa compartida.
  3. No quieres pasar otra vez por el Bip Bip del monitor, colgado a tu cabeza agarrándote con sus tentáculos del pecho.
Basta de verduras, de pollo sin piel y sin sal. Basta de medir calorías, grasas, hidratos. Basta de escuchar hipolipemiante, hipo/hiperglucemia, hipopotacemia, arritmia, bradicardia, leucemia, hipertensión obesidad.

Basta de inyectables, comprimidos, compuestos. Denme largas caminatas por la playa, con alguien querido, o la cama compartida con la mujer amada, o amanecer mojado por el rocío, o el vino compartido en madrugada. Denme buena música y no ruido quirúrgico. Denme un buen libro, y no historias clínicas. Denme el aroma del mar, y no el del hospital. Denme besos y no masajes kiniesiologicos. Quiero la luz del amanecer a cielo abierto, y no la luz del quirófano. Quiero ser traspasado por una mirada de amor, y no por agujas. Quiero sentir sobre mi cabeza la lluvia que cae con fuerza, y, no la toalla con que te higienizan en la cama.

Me gusta el balbuceo del bebe, el ruido de los remos, el frío de la nieve, el cansancio del viaje, quiero correr con el viento, canturrear con el arroyo, refrescarme a la sombra, saborear higos maduros, oler café recién hecho. El crepitar de los leños. Me gustan las palabras dulces, las manos suaves, el abrazo franco de mis amigos, quiero partir en la seguridad de no haber sido intrascendente, quiero continuar vivo en el recuerdo de los míos.

Odio la decrepitud, la enfermedad la muerte. Sepan, cuando no esté, que yo no elegí mi vida, pero que la gocé en lo que pude, y lo que pude disfruté. Ame, y fui amado sufri con la distancia, con lo que quise y no pude, o no supe, conocí y practiqué la mentira, la envidia, la promesa incumplida, pero al conocerlas bien, supe evitarlas.

Vivo como puedo, no como quiero. Mi archivo, está lleno de polvo. En él guardo el “para hacerse cuando se pueda”, que visito y repaso de vez en cuando, sufro, amo, proyecto, realizo, estoy peleado conmigo, me gratifico, porque el hombre es eso, un contrasentido, que se va despejando día a día de forma no programada, y según los estímulos del momento.

Tengo metas, cumplí etapas, y espero no quedar con “materias pendientes”de las pruebas a las que siempre nos vemos sometidos.

Mi balance: sería mas o menos así.

Haber:
Tengo una excelente compañera ( novia, esposa, amante) con la que siempre peleo (son tan lindas las reconciliaciones!!!! ) hijas, yernos, nietos, y por ahora, un nieto bis, hermanos, sean de mi apellido o, no. Una banda de sobrinos, sobrinos nietos, amigos, una cabeza que piensa, manos que hacen, amor. Conozco la mentira, la ambición desmedida, la traición la codicia, y se evitarlas.

Debe:
Mi salud no es buena, sin echarle la culpa a nadie salvo a mi.
Mi posición económica no es buena, perdí empuje, fuerza, envejezco, me deprimo, soy goloso, gordo (solo de panza) extraño, sufro moralmente por lo que no puede. Mi trabajo no me gusta, la ausencia me entristece, quiero arreglar lo que no me corresponde. Fantaseo con la realidad, somatizo. Casi se diría que soy humano, transcurro mi vida como puedo y no como quiero.

Tal vez mi balance, le corresponda hacerlo a otros cuando ya no esté, lo importante, que estoy parado sobre mis pies todavía sin bastón , y dispuesto a desempolvar.

Diciembre 2003